Una pulsera de siete chakras sobre base de roca volcánica porosa — hace también de difusor de aceites esenciales. Dos gotas de lavanda, bergamota o incienso en las cuentas de lava y el aroma dura horas: una señal que el sistema nervioso sí sabe reconocer.
La roca volcánica, antigua y terrestre, es una de las piedras más antiguas en el trabajo de conexión a tierra. Combínala con la secuencia de siete chakras (jaspe rojo hasta amatista) y obtienes una pieza que hace dos trabajos a la vez: las piedras hablan al cuerpo energético, el aceite habla a la respiración. Cuando sube la ansiedad, la jugada de siempre sigue siendo la buena — alarga la exhalación y huele algo conocido.
Llega con un pequeño vial de lavanda para empezar. Cordón elástico, muñecas 15–19 cm. Reponer el aceite cada pocos días.
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